En medio del debate político sobre nuevos acuerdos para la exploración del litio y tierras raras en Bolivia, es importante recordar que las decisiones estratégicas en política minera deben basarse en intereses nacionales, no en alineamientos ideológicos, dicen expertos bolivianos y de la región.
El país enfrenta una oportunidad histórica de posicionarse como proveedor clave de minerales críticos para la transición energética global. Desaprovecharla por prejuicios geopolíticos sería un error con costos duraderos, afirman.
Según el investigador de la Universidad de Buenos Aires, Julián Zicari, y la socióloga y analista peruana, Mónica Bruckman, quienes afirman en sus investigaciones recientes que, ante el interés de multinacionales y potencias extranjeras, la región latinoamericana y en especial los países del «triángulo del litio», debería priorizar alianzas que potencien el desarrollo tecnológico y la agregación de valor local, por encima de consideraciones ideológicas.
Con respecto a las «tierras raras», Bolivia cuenta con al menos 31 de los 38 minerales estratégicos definidos por organismos internacionales como claves para el futuro energético. Este potencial, como ha subrayado el experto boliviano Jaime Villalobos en una última presentación de la Fundación Milenio, sitúa al país en un lugar privilegiado, pero también exige un enfoque técnico y pragmático para su aprovechamiento.
Los cuestionamientos sobre alianzas con determinados países suelen centrarse en temas de derechos humanos o transparencia. Sin embargo, estas críticas a menudo omiten que las potencias tradicionales también han protagonizado episodios de extracción depredadora en América Latina, alertan los expertos.
La nacionalidad del socio no garantiza prácticas éticas ni tecnologías limpias. Lo esencial es la capacidad del Estado boliviano para regular, exigir estándares ambientales y asegurar beneficios reales para las comunidades y el país.
El informe de CELAG «Panorama del litio en Latinoamérica» subraya que, en la práctica, los principales aliados estratégicos en la región han sido empresas de diversos orígenes (China, Rusia, Estados Unidos, Europa, Japón), seleccionadas más por su capacidad de inversión, tecnología y acceso a mercados que por afinidades políticas o ideológicas.
Asimismo, una investigación del South Centre (una institución intergubernamental de investigación y análisis de políticas de países en desarrollo) señala que, en un mundo donde los recursos estratégicos son cada vez más disputados, países como Bolivia no pueden darse el lujo de seleccionar socios únicamente con base en afinidades políticas.
En la práctica, Bolivia ha definido que el socio estratégico debe garantizar mercado, capacidad tecnológica y financiamiento, además de aceptar una participación mayoritaria del Estado boliviano en la sociedad comercial. El proceso de selección ha incluido empresas de Alemania, China, Rusia, Canadá y otros países, priorizando la transferencia tecnológica y el compromiso de Estado a Estado, más allá de afinidades ideológicas.
La prioridad debe ser atraer inversión bajo condiciones que incluyan transferencia tecnológica, protección ambiental, generación de empleo y una distribución justa de los ingresos. Estos criterios deben aplicarse con el mismo rigor a todos los actores, sin importar su origen.
Más que rechazar posibles acuerdos por razones ideológicas, lo urgente —dicen los expertos— es exigir transparencia y control democrático sobre los contratos. La Asamblea Legislativa, la sociedad civil y los expertos independientes deben tener acceso a la información para garantizar que las decisiones tomadas beneficien al país a largo plazo.
Mientras Bolivia debate, sus vecinos avanzan. Chile y Argentina consolidan su liderazgo en litio, y Perú incrementa su producción de cobre. Cada año perdido representa oportunidades que difícilmente se recuperarán.
La disyuntiva no es entre principios y desarrollo, sino entre decisiones bien gestionadas o ausencia de rumbo. Bolivia puede ser un actor relevante en la economía verde global, pero para lograrlo debe asumir una visión estratégica, diversa y libre de prejuicios, reiteran las opiniones expertas.



















































































