El programa de gobierno del candidato Samuel Doria Medina fue dado a conocer tiempo atrás y merece una mirada atenta. En estas líneas enfatizamos en la primera fase, que son los primeros “100 días”. Los inicios del gobierno serán vitales.
José Luis Lupo, candidato a vicepresidente de Alianza Unidad (AU), concedió una entrevista el 16/06/2025 al programa televisivo “seis a uno”, donde declaró —como primer punto— que es importante detener rápidamente el deterioro de la economía boliviana, anclando las expectativas y recuperando la confianza. Para este efecto, se propone crear un fondo de estabilización de aproximadamente USD5.000 millones, que atenderá las necesidades de liquidez de dólares.
El tema critico es cómo se financiarían los recursos del fondo de estabilización, punto en el que Lupo no fue específico. Sí fue directo al manifestar que el conjunto de medidas será un programa boliviano, que se presentará internacionalmente para obtener recursos. Mi interpretación es que ese programa será estructurado domésticamente, sin intervención de organismos internacionales. Este procedimiento es similar al seguido en 1985, se promulgó el decreto 21060, el 28/08/1985, y posteriormente se negoció con organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial.
Mi idea, para financiar el fondo de estabilización —que no la derivo de la entrevista a Lupo—, es formar el fondo de estabilización con un programa de blanqueo de capitales administrado por el Banco Central, ofreciendo tasas de interés atractivas de corto plazo. Blanqueo de capitales significa que ciudadanos depositan dólares en el Banco Central a cambio de un certificado de depósito.
En este caso, ninguna institución pública preguntará ni investigará el origen de los fondos. Una parte de las pérdidas de reservas internacionales, a partir de marzo de 2024, están en poder de ciudadanos bolivianos en el colchon-bank o en cuentas en el extranjero.
El blanqueo de capitales fue un sistema que puso en marcha el gobierno de Milei, en Argentina, con éxito. En Colombia, este procedimiento se llamó la “ventanilla siniestra” del Banco de la República, por el tipo de agentes económicos que blanqueaban capital. Hago referencia al caso colombiano por razones obvias. El lector informado entiende a lo que me refiero.
Este será un tema controversial en Bolivia; por tanto, es una decisión difícil. La argumentación de Lupo es cierta, respecto a que la contraparte de una reducción del déficit fiscal de 4 a 5 puntos porcentuales del PIB es un aumento equivalente en reservas internacionales que puede alimentar el fondo de estabilización, siempre y cuando exista un superávit en comercio exterior que acreciente las reservas internacionales, lo cual es complicado de obtener al inicio del gobierno.
Un financiamiento para el fondo de estabilización como el expuesto tendrá un costo, obligará al Banco Central a incrementar la tasa de interés que tenderá a reducir los créditos y la demanda global. Todo lo comentado anteriormente significará que existirán dos fuentes de contracción de la demanda agregada: una reducción del déficit fiscal y una caída del crédito al sector privado. Montar un fondo de estabilización veo factible, con un control de precios y de tasas de cambio; además, creo que podría lograrse en el corto plazo.
Estas medidas ocasionarán un sobreajuste, que tendrá efectos en las tasas de crecimiento a largo plazo, deteriorará la distribución del ingreso y sembrará las bases de inestabilidad política. Ver la entrevista me llevó a tener un juicio positivo de Lupo, por mostrar una amplia visión del programa de gobierno; sin embargo, no comparto su misma orientación doctrinaria e ideológica. Tendrá una responsabilidad importante en: los logros en el control de precios y las tasas de cambio que pueden llevar al equipo económico a posiciones ideológicas radicales, en el sentido de haber tenido resultados propuestos de los “100 días” y olvidarse de las complejas políticas a largo plazo.
No pretendo dar consejos, pero creo que Lupo tendrá que evitar estos efectos para tener un equilibrio de corto y largo plazo. En mi modesta opinión, el mayor error de las políticas neoliberales que se iniciaron en 1985 fueron atrasar la agenda de largo plazo, que recién inició en el primer mandato del presidente Sánchez de Lozada, en 1993, y que finalmente terminó en forma dramática en su segundo mandato, en 2003, con las guerras del agua y el gas.
(*) Jaime Jordán Costantini es doctor en Economía y docente universitario















































































