Bolivia posee 31 de los 38 minerales críticos que el mundo necesita para la transición energética, pero esta riqueza estratégica no figura en las propuestas de ningún candidato con miras a las próximas elecciones nacionales.
En un contexto de creciente demanda global de minerales esenciales para baterías, vehículos eléctricos y tecnologías limpias, el país se encuentra ante una oportunidad histórica que sigue sin ser abordada desde el debate político.
De acuerdo con un reportaje de Liliana Carrillo para la Red Erbol, estos minerales incluyen litio, cobre, cobalto, níquel, tierras raras y zinc, todos indispensables para la llamada minería verde. Sin embargo, la ausencia de un plan nacional, sumada a la inseguridad jurídica, la minería ilegal y la baja inversión extranjera, impide que Bolivia se posicione como un actor relevante en la transición energética global.
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La situación se agrava si se considera que la minería representa el 9% del Producto Interno Bruto (PIB) y genera más de la mitad de las divisas que ingresan al país, pero su producción está estancada.
Según el reportaje, en 2024 las exportaciones mineras bolivianas alcanzaron los $us 5.700 millones, muy por debajo de Perú y Chile, que superaron los $us 44.000 millones y $us 58.000 millones respectivamente.
De acuerdo con el informe ‘Hacia una minería sostenible, competitiva e inclusiva’ de la Fundación Milenio, la inversión extranjera directa neta en el sector fue de apenas $us 129 millones en 2024, con un saldo negativo de $us 20 millones. En contraste, Perú y Chile atrajeron más de $us 12.000 millones en conjunto.
De igual manera, se reflexiona sobre la producción y el aporte, pues las cooperativas mineras, asociadas en su mayoría al Estado, no generan tanta producción y representan un bajo porcentaje de la recaudación fiscal; mientras que el sector minero privado genera más ingresos, pero también paga mayores impuestos.
El reportaje indica que la explotación sostenible de minerales críticos podría convertir a Bolivia en un proveedor clave para el mundo, pero para ello se requiere visión estratégica, voluntad política e inclusión de este tema en la agenda electoral.
Hasta ahora, el silencio de los candidatos ante una de las oportunidades económicas más importantes del país deja en evidencia una falta de visión estructural sobre el futuro.





















































































