06:18
No hay todavía luz natural, se tiene que prender el foco central que cuelga con el cable pelado y claro, revienta. Lo que pudo ser un apacible desayuno, se convierte en limpieza de astillas de vidrio, por doquier. Encima de la cama, sobre El laberinto de la soledad, que lee desde hacen ya seis años y pico.
08:14
Debe salir ya a cumplir con sus tareas de todos los días, entre lunes y viernes. Hacer informes, darle “me gusta” a todas las publicaciones con un severo grado de estupidez que su jefe sube a una red, desde el canal oficial. Encargar un café con sándwich de mortadela, cuyo combo ha subido ya en 92%. Entre otras cosas, pensar en el menú para el almuerzo que variará de acuerdo a las ofertas, sémola con pan o sin pan, con llajua o sin ella.
Consulte también: Siglo LIV
12:26
Guarda, con asombrosa lentitud, con el tiempo del fare niente, con la paciencia de la contemplación de Byung Chul Han, los objetos utilitarios siguientes: un lápiz, una goma, un tajador azul, un cuaderno con espiral, de 50 hojas, en el que tiene anotados tres números de celular y una entrada para el clásico, de 2002, una cuarta parte de su sándwich de mortadela.
12:31
Pone su dedo en el lector digital, sale a la calle, el sol le da en los ojos un golpe de vitamina E, cruza a la acera del frente, siente que ha traicionado a su revolución interna. Pero es circunstancial, en un rato más, volverá a su acera cómoda y correcta. Entra a la pensión Pollock, la comida artística.
13:13
Acaba de dar fin con su maicena con manzana, con yupi rojo, para darle cierto color y gurmetés. Se para, sale a caminar un poco, tiene suficiente tiempo para volver a su jaula en modo bucle oficial. Debe esquivar algunos petardos y uno que otro insulto de no sabe quién a quién, que le rozan el jopo, lo despeinan un poco, pero nada más. Se sienta en una banca a hacer hora, como si el tiempo se hiciese. Tres adolescentes oyen, a buen volumen, a un mexicano hablando de cómo hacer trampa en el examen, a una colombiana enseñando a hacer arepas venezolanas, a un boliviano aprendiendo a hacer de argentino. Se entera de todo y se para. Vuelve a la oficina.
14: 29
Pone su dedo en el lector de huellas. Sube por las gradas, un piso, entra a la oficina, que tiene tres grandes ventanas, cubiertas por expedientes en papel, amarrados con pita, es posible que de cañahua. Se sienta en el escritorio, se pone a la tarea de sacar las cosas del cajón, a saber: un lápiz, una goma, un tajador azul, un cuaderno con espiral, de 50 hojas, en el que tiene anotados tres números de celular y una entrada para el clásico, de 2002, una cuarta parte de su sándwich de mortadela.
16:12
El jefe lo hace llamar a su despacho. Del despacho del jefe no se despacha nada. El jefe da instrucciones, delega, riñe a los subalternos, le hace caras a la secretaria, tiene un banderín de su equipo en el escritorio y en la pared, atrás, una foto de su caudillo, con una guirnalda de papas, zapallo, escarapelas y dientes de jaguar. Entra al despacho del jefe, recibe instrucciones, recibe una reprimenda, agacha la cabeza, asiente, sale apresurado a hacer el informe para obtener los bienes de una persona que no conoce, por haber dicho, una vez, al descuido, lo que piensa.
18:23
Termina el informe con la frase “es cuanto informo a su autoridad”. Respira hondo, siente que ha cumplido con un deber y que ha aportado a que la patria que lo cobija, vaya en el rumbo deseado. Sabe que no es el que desearía pero se calla y cree en lo anterior.
19: 05
Encarga otro café, destilado, aguado, dulce, que dejará enfriar hasta que sea casi la hora de salir. Revisa su celular, contesta unos mensajes a gente de su familia, con textos escuetos y breves. Si. No. Temprano. No hay pan. Dile a tu profesora que no sabe con quién está tratando.
19: 26
Procede al ritual de guardar cosas, excepto el resto de sándwich, que ha ingerido hace breves minutos, con el café frío.
19:45
Ha estado parado esperando movilidad. Llueve. Cuando llueve, las gentes asaltan a las movilidades, las movilidades asaltan a la gente, los conductores de las movilidades votan por las autoridades que encubran sus asaltos, otro bucle histórico.
21:07
Llega a su casa, habla apenas, se acuesta a ver las noticias en la televisión, en canales locales que le informarán sobre lo que quiere escuchar. Se duerme al cabo, sueña con serpientes, con serpientes de mar.
06:18
No hay todavía luz natural, todo vuelve a empezar.
(*) Óscar García es compositor y escritor















































































